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La isla de las tentaciones o del estercolero


Guapxs si, cerebro bajo cero




Es un nuevo y original reality de Mediaset, La isla de las tentaciones es otra vez la convivencia, las zancadillas, las envidias y los celos como protagonistas.

Reflexiones sobre La isla de las tentaciones


Que me lo niegue aquel lector que no tenga como valor moral y personal inculcado en su educación el no inmiscuirse en las relaciones sentimentales de una pareja. Una norma ética olvidada en La isla de las tentaciones y convertida en el corazón de un argumento, que más que nunca, demuestra lo que es la conocida telebasura de Mediaset.

Lideres de audiencia. De acuerdo. ¿A cualquier precio? Ya se ha escrito que la remuneración de las “famosas” parejas es bajita, que lo que quieren es la popularidad de la pequeña pantalla para su remuneración en bolos discotequeros. Pero… cuando has puesto las ilusiones de tu vida en tu pareja y está se rompe de manera tan promiscua ¿merece la pena 5 minutos de fama o de cornudos? Pregunto a los afectados de La isla de las tentaciones.

Juego de la provocación falsa. El calor de una isla, acompañados de unos chicos y chicas guapas (o fulanos y fulanas) que tienen como objetivo destruir los sentimientos forjados en unas parejas que van a poner a prueba sus sentimientos o sus promiscuidades y cuya provocación dudo o presumo que pueda estar incentivada por la propia productora de La isla de las tentaciones.

Baja moral de los que están delante y detrás de las cámaras de Mediaset. Ya son dos las parejas rotas por los afaires femeninos con los fulanos propuestos en su convivencia. Gigolos de gimnasio que lucen palmito, provocan testosterona y cumplen con la provocación, la insinuación o que la parte femenina caiga antes sus encantos y… no se entiendan como palabras machistas, pero las féminas de La isla de las tentaciones tienen más nerviosos a sus chicos que lo que consiguen las fulanas con sus chicos.

Utilidad televisiva: consiguiendo audiencia a cualquier precio, sin pensar en los contenidos, sin pagar al talento de los guionistas, sin ninguna brillantez en la propuesta y provocando que la convivencia en sociedad e incluso en pareja solo sea ejemplo negativo en valores sociales y humanos.

No quiero hablar de ellos, ni de ellas. Son todos mayores de edad y dueños de sus actos y motivaciones para caer tan bajo y tan ruin. Lo único que se me ocurre de los doces protagonistas es que su vanidad era más fuerte que sus sentimientos hacia sus parejas y, por mi parte, no merecen más tiempo.

La isla de las tentaciones algunas veces leo en segundas ediciones. Para mi forma de entender la televisión a la que me dedique años, es perder por completo el verdadero significado del objetivo televisivo, aquel que habla de entretener, educar y aprender. Porque no se puede entretener a cualquier precio. Porque educar en romper relaciones no es honesto, ni formal y no debía de ser provocado y aprender, ni siquiera de los paisajes paradisiacos de la isla, que se convierten en secundarios entre tanto plano y primer plano del estercolero protagonista del programa.

Un programa rentable. Quienes hacen televisión de calidad, saben que es cara, de mucho trabajo y a la que hay que echar imaginación y talento. La isla de las tentaciones carece de todo ello. No es calidad, salvo las imágenes que tienen una fotografía excelente. Tampoco mucho trabajo, rodar la convivencia en una isla. Tampoco imaginativa: como destruir parejas metiéndose en medio de ellas. Tampoco talento, ser fulano o fulana o promiscuo o promiscua es oficio más viejo del mundo.


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